lunes, 24 de abril de 2006
EL CABALLO-ZORRO
(Cuento semiurbano)


Dedicado a Juancho



Lic. Guillermo López López

En el Aguacate, en un poblado agrario de Carazo, hace algunos años trabajaba un profesor que viajaba todos los días a caballo a una escuelita de monjas, el caballo era medio raro, las gente al mirarlo se sorprendía, algunos hasta se asustaban, pero bueno el profesor siguió viajando por muchos años en aquel noble animal.

Un día de esos en que parece que todo es tristeza, y que uno se le levanta con el pie izquierdo, dice la gente, el profesor dejo su caballo donde acostumbraba, pero el animal inquieto se salió al camino, haciendo cabriolas ¡¡pas,pum¡¡ desgraciadamente un camión lleno de madera se lo pasó llevando al caballo, al que lanzó como a 8 metros con las patas hacia arriba, aquel animal agonizaba, lo trataron de salvar, pero a los tres días murió. El profesor lloró por mucho rato el deceso de su tripudo transporte y quedó apesadumbrado, adolorido.

Paso el tiempo y la gente contaba que miraban un animal en las sombras de la noche que no lograban atinar que era, unos decían que era un caballo, otros que era un zorro, otros que era un monstruo, el miedo se comenzó a apoderar de los lugareños, las apariciones eran constantes, y a pesar de la hombría eran pocos los que se aventuraban por las noches viajar hacia El Aguacate, nombre de origen nahualt que dicen que significa “fruta de testículos grandes”, pues ni ese honor animaba a los hombres a querer encontrarse con el fantasma que aparecía y desaparecía en los días de luna llena.

Una señora media bruja, aseguraba que era el espíritu del caballo en el que viajaba el profesor el que salía a los trasnochadores, porque ese caballo siempre le pareció raro, nefasto, diabólico. Los comentarios crecían día a día, así como el miedo.

Un día en San Felipe, un populoso barrio de Jinotepe, en la casa del profesor del que hablamos, apareció en una de la paredes una extraña pintura con un animal negro que parecía caballo y zorro, y la gente que es alborotista, comenzó en romería a visitar aquella extraña estampa y algunos que se habían topado con el fantasma camino al Aguacate aseguraban que se trataba del mismo animal, otros menos crédulos y con visos de erudición, aseguran que podía tratarse de un animal prehistórico, que fue pintado por hombre primitivos en alguna cantera, que podría tratarse de las que se ubican en Diriamba camino al mar, y que se fue haciendo visible a medida que se descascaraba la pared.

Hoy la figura aparecida se ha vuelto famosa e incluso el profesor y su familia han capitalizado la misma y han puesto un pequeño oasis etílico, donde usted estimado lector, si no cree lo que le estoy contado puede ir a observar con sus propios ojos el portento de esta aparición, y si le gusta enervar sus sentidos con los fluidos de Baco, cuando ya tenga una seis cervezas o seis tragos entre pecho y espalda se le erizaran los pelos al observar con detenimiento al caballo-zorro.

Pero además, podrá usted sentir la sensación de cabalgar en este asombrosa aparición porque en el mismo local se ha erigido un monumento a su memoria, es un potro mecánico, si usted resiste un minuto habrá roto los mitos y podrá contar a sus amigos que ha montado el famoso fantasma del caballo-zorro, ¡viva esta emocionante aventura¡.

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