EL PEGACHA
(Cuento semiurbano)
Lic Guillermo López López 05/02/05
En un pueblo no lejos de la ciudad, llamado Ontoy. las familias estaban sorprendidas, asustadas porque un día de tantos los animales domésticos comenzaron a aparecer muertos, como si un vampiro gigante les extrajera la sangre, sin heridas, sin golpes solo sin una sola gota de sangre.
Los pobladores comentaban este suceso con terror dibujado en sus ojos, cada vez que hablaban de aquello se santiguaban e invocaban a Dios, la gente ya no salía de sus casas más allá de las seis de la tarde, los grupos de muchachos en las esquinas había desaparecido, los borrachitos que se apelotonaban en la cantina de “Tacú” se esfumaron, los pleitos de grupos juveniles de la comarca del Zapote y la comarca de la Vainilla ya no se daban, entrando la noche aquel pueblo era una especie de fantasma.
Un domingo, hombres y mujeres del pueblo rompiendo el miedo se reunieron y la discusión giró en torno a cómo descubrir al causante de las muertes de los animales domésticos que estaban arruinando más la economía del poblado. Y el otro asunto que trataban era qué podían hacer para dar caza o muerte a aquel extraño intruso depredador.
Uno de los acuerdos que tomaron fue organizar una junta de vigilancia encargada de cuidar los reductos de animales desde las seis de la tarde hasta las seis de la mañana y el segundo acuerdo fue, una vez localizado el espécimen, había que darle caza para estudiarlo o en el peor de los casos dependiendo la ferocidad y resistencia del mismo, darle muerte.
La Junta vecinal decidió hacer 6 reducto de animales; 1 en cada comarca, era tres comarcas y 1 en cada barrio lo cuales eran tres también, entonces se hicieron seis grupos de tres hombres cada uno y se inició la vigilancia. Pasaron cinco noches sin que ocurriera nada, parecía que el buscado animal olía la vigilancia, los cuidadores se estaban desanimando, pero sostenían el punto.
De pronto, hacia el este del poblado en el barrio la Quebrada, entre las penumbras de la noche se escuchó un raro ruido que atrajo la atención de Chepito, que era uno de los miembros del grupo que vigilaba ese punto, y puso en alerta al resto. Las sobras eran casi totales, de cuando en cuando el movimiento de los árboles dejaba penetrar la luz de la luna y se lograba observar con mucha debilidad a poca distancia. Chepito con su grupo alerta comenzó a observar como a 200 metros de donde estaban, unos ojos chispeantes, como brasas ardientes, ya en el pueblo se había regado la especie de que este animal podía ser el “chupacabras” o un ser extraterrestre o el mismísimo diablo, Chepito y su grupo pensando en esto, estaban paralizados, helados y con el pelo erizado, el silencio era un siglo y la respiración parecía haber cesado, sólo el ¡¡¡chas, chas, chas!!! de los ojos relumbrantes acercándose se dejaba escuchar, parecía haberse detenido el viento, el movimiento de loa árboles se acalló y el ¡¡chas, chas, chas!!! se acercaba aquel desconocido animal, ya como a 50 metros se distinguía entre sombras, un ser peludo, como de 60 centímetros de altura, color claro, con cola y andaba en 4 patas.
Ya más cerca y más cerca el grupo reaccionó saliendo de aquel sopor y se abalanzó encima de la fiera dando al suelo con ella atrapándola con una red artesanal, aquel animal se revolcaba frenéticamente para escapar de la trampa, pero era imposible, un disparo seguido de otro calmaron al desconocido cuadrúpedo, eran balas tranquilizantes, era somnífero para domarlo, lo ataron y amarraron a una vara, inmediatamente hicieron una fogata y se sentaron a especular atemorizados sobre la caza, a esperar que amaneciera.
Con las primeras luces de la mañana fueron inmediatamente a observarlo más de cerca , era color canelo, peludo, trompudo, parecía perro, era perecidísimo a un perro, pero Chepito incrédulo dijo –no, no es un perro, es el maldito animal que se nos ha estado comiendo nuestros animales-.
El grupo con el animal colgando de una vara se enrumbaron a la plazoleta del pueblo, junto a la iglesia, la noticia se había regado y la gente se arremolinaba en aquel lugar, polvo y gritos de alegrías era el ambiente. Tiraron el animal al suelo y los curiosos se halaban unos a otros para mirarlo. Un vecino dijo, -pero, si esto es un perro-, -no, no es un lobo- dijo otro, -que va, más parece un chancho- externo un tercero, otro tocándole la trompa –noo, este es un gato-, cada quien miraba en aquel ser distintos tipos de animales.
Después de casi de dos horas de deliberaciones, tocaderas y observaciones, el animal despertó, ya estaba en una jaula, se levantó, se estiró, desperezó y lanzó un gruñido, guamiauarrff, guamiauarrff, parecido a un perro, a un gato o a un chancho, decían los vecinos, La pregunta era ¿qué hacemos con este animal? y de nuevo la discusión entre los que viviera o muriera, por fin decidieron que viviera para observarlo y conocerlo. Le hicieron un corral tipo jaula y ahí comenzó a vivir aquel animal.
Se convirtió en una atracción y la gente constantemente lo observaba, pasaban perros, les ladraba y les movía la cola alegremente. Cómo en las cercanías había ratones, de vez en cuando se metían a la jaula y el animal jugaba con ellos hasta matarlos, los cazaba, pero no se los comía. La gente generosa constantemente le llevaba comida y aquel animal comía de todo: tortilla, guineo, arroz, carne, de todo.
Pasaron unos meses y los vecinos se reunieron para determinar qué era aquél animal y de nuevos las distintas apreciaciones sobre el animal, hasta que por fin don Sófocles un vecino estudiado, que mucho respetaban en el pueblo por su sabiduría, comenzó a hablar sobre las características del animal y explicaba:
Ladra como un perro y mueve la cola como tal, pero no es un perro.
Caza ratones con la agilidad de un gato. pero no es un gato.
Come como un chancho, porque todo lo que le damos se lo harta y parece un chancho, pero no es un chancho.
-entonces qué será- se interrogaba el mismo…en conclusión, con movimiento parsimonioso e iluminado su rostro, con firmeza don Sófocles sentenció, -este animal es un ¡¡PEGACHA¡¡, los cuales son rarísimos en el mundo, en África han cazado dos y uno en Asia los cuales están en cautiverio, por lo tanto es un espécimen rarísimo y en extinción y debemos de conservarlo y cuidarlo, además pensemos lo podemos convertir en negocio porque será un atractivo turístico en Ontoy-.
Todos los pobladores asombrados asintieron y aplaudieron la erudición de don Sófocles, el pueblo se hizo famoso y así nace la historia del PEGACHA, un animal mítico producto de una combinación de perro, gato y chancho.